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LA PODA DE INVIERNO EN EL VAL DO BIBEI

DONDE EMPIEZA EL ESTILO DE NUESTROS VINOS

En el viñedo hay decisiones que parecen pequeñas, pero lo condicionan todo. La poda de invierno es una de ellas. No se trata solo de cortar madera: es decidir, con meses de antelación, de que forma va a crecer la cepa, cómo vamos a equilibrar su vigor y en definitiva,  prepararla para lo que esperamos de ella. Este sistema bien ejecutado proporciona más longevidad a la planta y una madera más sana. Aquí es donde se verá reflejada la producción del viñedo en esta cosecha.

En Valdeorras, y especialmente en el Val do Bibei, la poda no se hace por rutina ni por calendario. Se hace escuchando el lugar, el clima y el comportamiento de cada parcela. Y eso explica por qué en Rafael Palacios se poda con calma, precisión y una idea muy clara de lo que se quiere expresar.

Un valle donde el invierno importa

El Val do Bibei es un valle de altitud, con inviernos fríos y una humedad persistente. Las lluvias anuales son elevadas (en torno a 850–1.000 mm/año), concentradas en buena parte en los meses fríos. Dicho de forma sencilla: en invierno, la madera tarda más en secar y las heridas de poda conviven durante semanas con un ambiente húmedo y eso puede facilitar la entrada de hongos.

Ese contexto convierte la poda en algo más que una labor agrícola: es una decisión de salud, equilibrio y futuro del viñedo.


La poda como arquitectura de la cepa

La cepa puede entenderse como una estructura viva. La poda define dónde se formarán los futuros racimos y cómo se repartirá la savia. Cuando se poda sin una lógica clara, la planta acumula cortes grandes, madera envejecida y desequilibrios que se arrastran durante años.

Por eso, la poda busca tres objetivos esenciales:

  1. Equilibrio, evitando excesos de carga o de vigor.

  2. Coherencia estructural, para que la cepa envejezca de forma sana.

  3. Continuidad, de modo que cada año sea consecuencia del anterior.

El momento de poda: una herramienta clave

En zonas donde la primavera puede traer heladas, el cuándo se poda es tan importante como el cómo. Podar muy pronto puede adelantar el ciclo y aumentar el riesgo. Por eso, en parcelas más frías o sensibles, se recurre a poda tardía o incluso a doble poda, una técnica que permite retrasar la brotación y proteger la cepa.

Además de reducir riesgos, esta decisión influye en el estilo del vino: maduraciones más pausadas, mayor frescura, mejor definición, y un vigor equilibrado que aumenta la calidad de la uva.


Podar también es cuidar heridas

Cada corte es una herida. En un clima húmedo, esas heridas son puntos sensibles. Por eso se evita cortar innecesariamente madera vieja, se buscan cortes limpios y bien posicionados y se construye una cepa que no obligue a grandes amputaciones con el paso del tiempo.

El objetivo es claro: proteger la longevidad del viñedo y su equilibrio natural.


Por qué se trabaja así en Rafael Palacios

Porque no se trata solo de producir uva, sino de expresar un lugar. Y para expresar un lugar, la cepa tiene que estar equilibrada, sana y bien entendida.

Muchas de las cualidades que se perciben en el vino —frescura, tensión, profundidad y capacidad de guarda— empiezan en invierno, en una mañana fría, en una parcela de  bancales, con una decisión tomada brote a brote.

La poda de invierno es el gesto silencioso que sostiene todo lo demás.



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